La inteligencia artificial ha venido a cambiar muchas cosas. Hasta aquí, todos de acuerdo. Pero lo que ya empieza a preocupar es que algunos confunden «adoptar tecnología» con «liquidar al equipo y rezarle a un algoritmo». Spoiler: no funciona así. Y si no, que le pregunten a Coinbase.
El show de Coinbase: cuando la IA se convierte en amenaza
Hace nada, Brian Armstrong, CEO de Coinbase, decidió que todos sus ingenieros debían usar GitHub Copilot o Cursor. Pero no “cuando puedan” o “a ver qué tal”, sino ya. Una semana. Cronómetro en mano. Y si no lo hacías, reunión. Y si no convencías, despido.
¿La excusa? Que la IA ya no era opcional.
¿El mensaje real? “Hola, soy la inteligencia artificial y vengo a robarte el sitio”.
El resultado: miedo, desconfianza, y probablemente un buen número de profesionales con el LinkedIn recién actualizado.
Porque seamos serios: meter tecnología a cañonazos y esperar innovación es como pedir creatividad con un temporizador en la cabeza. No es liderazgo. Es pánico disfrazado de estrategia.
La IA no es el fin. Es el medio. Y no muerde.
La IA puede (y debe) liberar a los equipos de tareas repetitivas y pesadas. De esas que uno hace con la frente en modo “piloto automático”. Si la IA sirve para eso, bienvenida sea.
Pero el talento de verdad —ese que resuelve problemas, toma decisiones y crea valor— todavía viene con corazón, cabeza… y café.
Cuando una empresa entiende que la IA es para potenciar lo humano y no para prescindir de ello, empieza el verdadero cambio. Lo otro es ciencia ficción mal entendida. O directamente, mala gestión.
Cambiar sin romper. Que no es poco.
Implementar IA no es lanzar un Excel con links a ChatGPT. Requiere acompañar, formar y —sobre todo— explicar. Las empresas que lo hacen bien son las que tratan a su gente como personas, no como “usuarios pendientes de actualización”.
Porque claro, tú puedes meter IA a golpe de decreto. Pero luego no te quejes si los equipos trabajan como autómatas o se te van en cuanto ven una oferta con más sentido común.
Empresas que lo han hecho bien (Sí, existen)
Klarna
Esta fintech sueca decidió usar un asistente de IA para atención al cliente. Pero no lo hizo tipo “todo el mundo a usar esto o bye”. Empezaron formando a la gente, dejando espacio para equivocarse (sí, equivocarse), y dándoles tiempo para entender cómo encajaba en su trabajo. Resultado: el 90% de la plantilla usa IA cada día, y nadie se siente reemplazado. Spoiler 2: así sí.
Indra Group
Diseñaron una estrategia basada en personas, no en PowerPoints. Montaron una red de “champions” internos (no, no llevaban capa), formaron a los equipos y aplicaron la IA a problemas reales. ¿El resultado? Más eficiencia, cero drama. Y lo mejor: nadie se sintió como si le hubieran cambiado por una hoja de cálculo con esteroides.
Lowe’s
Retail, IA y sentido común. Juntaron a equipos de distintos departamentos para probar cosas nuevas, escucharon feedback, y adaptaron según lo que funcionaba. El truco: implicar a los que más iban a usar la tecnología. No imponer desde arriba. Sorprendente, ¿verdad?
BBVA
Siendo uno de los bancos más grandes, decidieron hacer algo muy poco bancario: pensar primero en las personas. Democratizaron el acceso a herramientas de IA, integraron áreas legales, técnicas y de negocio… y lograron que la IA se usara como soporte, no como reemplazo. Resultado: más cohesión, más innovación, menos drama.
Y entonces… ¿qué hacemos con todo esto?
Pues fácil: dejar de pensar que la IA es una amenaza o una bala mágica. Es una herramienta. Y como toda herramienta, su valor depende de quién la use… y para qué.
La tentación de ir por el camino rápido —imponer, forzar, apretar— es grande. Pero el coste de perder talento, confianza y cultura organizacional es infinitamente mayor.
El liderazgo, el de verdad, es el que sabe guiar en medio del cambio sin dejar a nadie por el camino. La IA bien utilizada puede ser un trampolín. Mal utilizada, es un boomerang. Y ya sabemos dónde acaba eso.
Las opiniones expresadas en este artículo son fruto de una reflexión basada en la experiencia y a título exclusivamente personal.